Vainilla
Beatriz
nació
en el porteño barrio de Palermo (Bs. As., Argentina). Estudió Letras en la
Universidad de Buenos Aires. Es escritora, periodista y docente.
Ha merecido una beca de OEA de Investigación y Gerencia Cultural en Caracas
(Venezuela). Ha publicado sus textos en revistas y antologías.
Su primer libro de relatos es “Si yo no hubiera sido así”, en la Colección Narradoras Argentinas de Editorial Simurg. Recibió en el 2003 el tercer premio por el cuento: “Veinte años no es nada” en el Primer concurso Internacional de Cartas de amor y Desamor, organizado por la Secretaría de Cultura del Centro de Estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras de la U.B.A.Actualmente es alumna del Master en Psicología Analítica y la Carrera de Terapeuta grupal en Creatividad y ArteTerapia que dicta el Centro de Estudios en Psicología Compleja dependiente de la Fundación C.G.Jung de Psicología Analítica.
Un tiempo. La duración de un tiempo depende de lo que te mueva. Las ideas están en vos. Fuera de vos. Aquí o allá. No te dan tregua. Saber si vale la pena dedicarles un tiempo. Quién sabe. Estás cansada. Te pesa la mochila cuando la llevás cargada de recuerdos. Ideas que disparan otras que están guardadas. Parece la única manera de desalojar la mochila. Ideas que se disparan como cabos sueltos. Y la paciencia de atarlos e hilar la trama. Ver lo de siempre, lo que se repite: la
urdimbre. Será que viene de fábrica. Será que definitivamente habrá que aceptar que así es y continuar sorprendiéndote con las alternativas de lo que acontece. Reconocer el punto débil y reforzarlo. Cuál será el punto adecuado.
Reconocés las voces. La de la abuela que propone el punto bareta doble, un crochet que mantiene tu atención en la dirección de la aguja que se interna en la cadena y propone un dibujo nuevo. La de tu madre. Vainilla. Sobre la batista, recorrés en dobladillo los bordes. Quitás cinco hebras completas – como un pentagrama - y dibujás un blanco.
Unís tres perpendiculares con la maestría de una sola puntada y abrís un hueco, primero, y luego otro y otros más.
Evitás la grosería del hilo que pasa de inmediato a una nueva unión.
El vértice en los bordes. Vainilla mejor que punto parís para un pañuelo de mano.