Retratando la Vida
Por Valeria Molina.
Lic. en Psicología ( Ecuador ).
Alumna del Master de Especialización en Psicología Analítica
Era un domingo de octubre y Ángeles se había despertado muy temprano a realizar su rutina de ejercicios. Le encantaban los deportes sobre todo el voley, había sido campeona nacional el año pasado. Combinaba sus estudios y el deporte con otra de sus pasiones, la fotografía. Y ese domingo estaba dispuesta a sacar las mejores fotos del bautizo de su primo Alejandro.
Todo transcurría muy normal ese domingo. Por la mañana el panadero había llegado temprano a vender sus delicias, su familia se alistaba prolija para la ceremonia en la iglesia. Ella estaba tan contenta, irradiaba luz, la llamaron Ángeles porque al nacer su llanto sonó como una risa de un ángel. Y eso era una de sus más atractivas características, su sonrisa.
Sonó el teléfono en casa y el grito desgarrador de su madre paralizó las actividades de todos los integrantes de su familia. Los cinco hermanos tenían el rostro pálido al ver a su madre en el piso, se había desmayado. Ángeles corrió y empuñó un perfume fuerte que se lo acercó al rostro de su madre...la besó en la frente. Su padre abrazaba a su esposa y Ma. José, su hermanita menor, simplemente miraba la escena estupefacta como una momia.- ¿Qué fue lo que pasó?, Mónica, la mayor, exigía una explicación. Su `primo Alejandro, aquella mañana había muerto. Los doctores dictaminaron el caso como 'muerte de cuna' y la fiesta se transformó repentinamente en un velatorio. Este hecho marcó en gran dimensión la óptica que Ángeles tenía de la vida.
Empezó desde aquel día a retratar niños pequeños, pues en ellos veía la sencillez e inocencia, cualidades que admiró siempre. Buscaba retratar lo mágico en la travesura de un niño, las miradas de asombro y la ansiosa curiosidad de los divinos enanitos, como ella les decía. Ma. José de dos años en ese entonces era una de sus motivaciones.
A sus 20 años Ángeles, emprendió un proyecto de ayuda a los niños de la calle. Ganó respeto a nivel de su ciudad y posteriormente logró llevar sus mejores obras a una exposición que viajaba por toda Latinoamérica. Su madre era su mayor apoyo, Ángeles, era una soñadora... tenía claro donde quería llegar. Cada vez que inicia un proyecto nuevo, mira su vida vivida, recorrida y retratada en la fotografía. Y una vez encontrada la inspiración Ángeles cierra su álbum.
Conexión con el Viejo
Un impulso inconsciente me lleva
a escribir, curiosidad, ilusiones, peligros... Me entusiasmé en comprarme un
libro del I-Ching... fuente inagotable del saber. Veo esta ansiedad por
conocer y la comparo con la sensación que deja una zambullida en un pozo de
agua, en el que uno se sumerge y retorna fresco y con otra visión. Toda esta
aventura la inicié desde que me enteré que mi abuelo creía en los astros.
Recuerdo claramente una frase que me dijo cuando chica en uno de sus
minutos luminosos del día, -“Mi hijita usted es como es, por haber nacido a
las cuatro de la tarde”. Hasta ahora no comprendo qué me quiso decir con
aquella frase, pero sin duda fue la misma la que despertó mi yo más
filosófico. Confieso que en algún momento de mi vida pensé que mi abuelo
desvariaba por su Anzeilmer prematuro. Mi abuelo no es ningún viejo
decrépito, es un tipo bien parado cuya sabiduría dice haberla adquirido de
la madre tierra. Tiene un fiel perro compañero, llamado Deimos, nombre que
le puso en honor a una de las lunas de Marte. Donde dice estar seguro que
hay vida y seres inteligentes.
Yo me acerqué al lado místico de la vida, de la mano de mi abuelo, más no
por seguirle los pasos en sus estudios de astronomía, sino mediante la
inexplicable atracción que ejercían sobre mí los símbolos. Desde siempre me
planteé infinitas inquietudes y fue mediante la sabiduría milenaria china
del I-Ching que he tenido mi encuentro mágico, sitio donde se conjugan mi
alma con el conocimiento universal. Mi curiosidad fue grande y empecé cada
día a investigar más sobre el tema. Tenía a mi abuelo como tutor. -“No
seas soberbia”, me repetía cuando intentaba explicarme algo y yo me
rehusaba, por pensar que mi lógica era mas astuta.
La relación entre el abuelo y yo siempre fue magnífica, pero empezaron a suscitarse una serie de cambios bruscos en el momento en que Deimos empezó a enfermar (lo cual era bastante obvio por los catorce años de vida del perrito). Y pasaba que cuando el perro andaba cabizbajo, mi abuelo reducía sus actividades y se concentraba en hacerle sesiones de Reiki a su mascota. Deimos, no mejoraba, y mi abuelo empezó a sentirse deprimido, al tomar conciencia él también sobre lo cercana que podría estar la muerte.
Desde ese entonces mi abuelo se hizo amigo de la soledad, y casi no me llamaba para mantener nuestras extensas conversaciones sobre el misterio de la vida.
Todo dio un giro cuando un fin de
semana me sentó en su mesita de juegos; abrió un cofre y me mostró fotos de
su juventud y varios de sus escritos. Me contó en sus años mozos anhelaba
mucho y tuvo mil ilusiones y caídas. Y que hoy por hoy todo lo que ha
aprendido se resume en dos cosas: -“Hagas lo que hagas, hazlo con amor. Y
pequeña, aunque quieras entender la vida, ella siempre guardará sus
misterios. Disfruta el camino...” Una lágrima rodó por mi mejilla y
otra por la de él. Con un caluroso abrazo cerramos ese encuentro.
Deimos sigue enfermo al igual que mi abuelo. Por su condición me he volcado
por completo a su cuidarlos. Hemos iniciado semana a semana un ritual, en el
que prendemos velas de diferentes colores y aromas que cubren el espacio
completo que abarca la casa. Las velas son símbolo de la llama que arderá
viva entre los dos cuando él se ausente. Cada día aprendo más sobre este
personaje, y cada vez que me siento en la mesita de juegos del abuelo un
impulso inconsciente me lleva a escribir... totalidad del espectro de
vivencias del viejo y de la vida que me falta vivir.
La sombra que quería escapar
La sombra, fría y alterna se desliza inconsciente, ella, de su andar. Un día al tropezar, se despertó inquieta. Gritó aun sabiendo que nadie la iba va a escuchar. Anhelaba ser luz sabiendo que sin ella no podría vivir. Se sabe dependiente. Es fiel compañera. Va y vuelve en completo silencio sin dar jamás un reproche. La sombra depende del objeto o el sujeto, el, cual rara vez nota su presencia pues en el fondo él mismo le teme... La sombra va corriendo. Andando, trata de huir de sus pies, con gran esfuerzo logra un pequeño despego del cuerpo que la esclaviza. ¿Cómo lo hice? Se preguntaba sentada ella en un escampado,
Veía en el empedrado un cuerpo tirado. Había esperado tanto ese momento, el momento de ser libre y hacer lo que quisiera. Sentada allí la sombra se sintió sin vida, sabía que necesitaba el sujeto que la ataba. Sin él, ella se sentía perdida. Pero esta era su gran oportunidad de escapar: ella corrió y perdió fuerzas en su andar. Vio un enorme océano y se zambulló. Llegó al fondo de él, pero se desvanecía... el ambiente la absorbía y poco a poco, sin mucho forcejeo se empezó a transformar. Al fin, ella misma era una luz destellante.
Mientras el cuerpo estático y pálido del empedrado abrió repentinamente su ojo izquierdo. Su sombra había ido a su encuentro, mas vino con un traje distinto. Vino en forma de una consistente llama de luz, que deslumbró al joven que volvió de las entrañas de la sombra, permitiendo que esta misma le brindara la vida.
Con solo una mirada
Dos miradas se cruzaron en el pabellón 41 de una sala de hospital. El estaba en esa camilla a punto de ser operado, con un dolor extremo en su abdomen bajo. Ella paso junto a la camilla justo en el momento en que el miraba suplicante al frente para ser intervenido con éxito. La enfermera se lo llevo y mientras se alejaba sus miradas se quedaron prendidas como un imán. Se cerró la puerta. Las luces del quirófano lo cegaron por unos segundos. Con la imagen de aquella chica aun en su mente, ojos grandes, tez bronce, pelo lacio y largo, figura esbelta… y esa sonrisa. El anestesiólogo le indico que respirase hondo y no recuerda nada de la intervención. Una hora transcurrió en el que el estuvo en una ausencia total, no sabia donde, era una sensación de haberse perdido en la nada, en el vacío. Se despertó con ganas de vomitar, una nausea que lo embebía, lo único que pudo salir de su boca fue un insulto en voz bajita, porque le dolía mucho el corte al que había sido sometido por la operación. Tendido en la cama del hospital encendió el televisor y el noticiero anunciaba para esa noche un eclipse total de luna. Se puso de buen humor, pues lo iba a poder ver, tenia un gran ventanal en el cuarto. Tomo un libro en sus manos, y pensó en la mirada de aquella mujer; durmió. Ocho de la noche y se abrió la puerta de su cuarto, su madre y hermana lo habían venido a ver desde lejos. Los tres juntos en un solo abrazo agradecieron al ver a Julián en recuperación. Un tesito y unas galletas fueron suficientes para ver el eclipse, con unos grandes binoculares.- Este espectáculo se da pocas veces en la vida de un ser humano, así que deben pedir un deseo. Acoto dona Marta, la madre de Julián. Cada uno en un papelito se anoto su deseo; no había que ser muy astuto para adivinar cual fue el de Julián. -¿Cómo voy a encontrarla? Se preguntaba mientras la luna se iba tapando con su velo, y cambiando los tonos del firmamento. Mientras la luna ayuda por el sol y la sombra de la tierra engendraba todas sus fasces, el cuerpo de Julián engendraba sueños y anhelos mezclados con glóbulos blancos que estabilizaban su salud. Por primera vez Julián vio una forma peculiar impregnada en la superficie lunar. Era una mujer con los brazos hacia arriba, como una bailarina. –Puede ser que ella lo sea, la luna tal vez este de mi parte. Esa noche fue mágica, su hermana y madre lo acompañaron hasta el siguiente día. Julián despertó vigoroso fue caminar, tal como se lo había indicado el doctor. Iba de puerta en puerta curioseando por los cristales, suponiendo que detrás de alguna de ellos iba a encontrar a la misteriosa mujer. Camino por los pasillos, y las áreas comunales, subió una escalera, regreso un poco desorientado y casi triste por no encontrarla. - Hay encuentros negados por las circunstancias, pensó Julián. Pero si la he visto aquí y ella a mi, la tengo que encontrar. El tercero fue el día en que lo dieron de alta. Julián tomo sus ropas y las guardo en su mochila. El era un tipo solitario y desconfiado, era apuesto, alto y fornido, pero desde chico fue retraído, le costaba un poco hacerse de amigos. Al salir del hospital se sintió diferente, su calidad de enfermo lo había mantenido en un estado de letargo por los últimos meses, cuando le extirparon su mal físicamente sintió que algo en su psique había sido modificado.
A penas llego a su apartamento, tuvo el impulso de revisar su closet. Había una inmensa cantidad de basura, -Tengo que deshacerme de todo lo que no utilizo! Me urge una reseteo, un inicio nuevo! Dentro del placard se podía encontrar un sinnúmero de objetos que pertenecían a su pasado. Todo estaba ahí, fotos, libros de la escuela, camisetas y zapatos viejos, juguetes antiguos, y un baúl de madera pequeñito en donde había guardado las cartas de su primer gran amor. Tomo en su mano un papel amarillo por el tiempo y solo había una frase, “si te quise no lo se, si me quisiste tampoco”. Recordó quien antes fue su primer sujeto de deseo…-Como la ame, que capacidad de entrega tuve hacia ella… Y ahora, solo? Quiero bullir a la superficie clara como lo hacen las burbujas de agua mineral siempre en constante movimiento ascendente.- Me he estado estancando, con un trabajo que me da de comer pero me resta motivaciones de crecer. Tomo un gran saco y vació todo cuanto pudo. Dejo solo las fotografías y lo demás que era inutilizable fue a parar a la chimenea donde fue incinerado. Esa noche durmió mas tranquilo, como que se hubiese quitado un peso de encima. La herida de la cirugía iba cerrando y la imagen de esa mirada en el pasillo no se le borraba ni un segundo. Se despertó a dibujarla, en un papel periódico enorme, trazo su rostro. Se sorprendió de su belleza, y dudo de aquel momento, seguro que todo tuvo que ser producto de su imaginación. Se conformo esa tarde con que al menos esa mujer existía como un personaje en su cuadro. Al día siguiente decidido completamente, Julián camino erguido y con orgullo, a presentar su renuncia a la compañía en la que trabajaba. Había decidido que no iba a trabajar mas por pura necesidad, también añadiría gusto y amor a lo que hacia. Camino a su empleo, en la plaza junto a un majestuoso árbol de flores violetas estaba muy concentrada una joven muy parecida a la que el hacia días incluso hasta alucinaba. Julián sintió un escalofrió que recorrió rápidamente su cuerpo y lo puso en alerta. Sus manos temblaban, y sus ojos no podían parar de verla. –Será ella? Que hace ahí sentada? Tengo que acercarme. Agarro fuerzas y camino derecho hacia ella. La mujer se volteo y con gesto amable le sonrió.
–Hola, disculpa esta intrusión, pero te pareces mucho a una amiga de antaño. Me he confundido. La chica cerró su libro y recordó su mirada, había en ella el mismo miedo que reflejaba antes de entrar al quirófano. –Te he visto hace un par de días en el hospital, un amigo mió estaba muy mal y lo pase a visitar. Recuerdo muy bien tu gesto de temor y dolor cuando la enfermera te llevaba en la camilla. Me alegro de verte bien. Julián no podía creer aquella coincidencia, era demasiado extraña y creyó en que la mente y su profundo deseo de volver a verla tuvieron que haber jugado un papel importante en el destino, seguro sus energías se conectaron más allá del tiempo y espacio y se produjo el encuentro. Aquella primera conversación se extendió por cuatro horas que pasaron sin advertirse. El devenir a veces perdona los momentos de éxtasis y ofrece a los corazones flechados ilusiones de momentos que parecen eternos. Los dos se sumergieron en un mundo de ideales compartidos. Julián conoció a Penélope, habían sido casi vecinos y esa cercanía permitió seguidos encuentros futuros. Pudo haber sido intervención quirúrgica, remedio de su mal, o quizás la luna, quien con su eclipse trajo la buena dicha, o el fuego que ardió en la chimenea la noche que Julián decidió quemar parte de su pasado, o tal vez la decisión de hacer un cambio urgente, pero basto tan solo una mirada para que Penélope y Julián partiendo de una incertidumbre inicial básica en todo ser que se siente solo, fueran entregándose sin miedo a la satisfacción de poder compartir una mirada, una palabra, una relación que atraía junto a ellos la plenitud.