LA ADOPCIÓN
Y EL
INCONSCIENTE: UN
ABORDAJE SIMBÓLICO
DE LA PSICOLOGÍA ANALÍTICA
Antonieta Maame Zimeo (
Brasil )
Miembro Honorífico de la Fundación C.g.Jung de Psicología Analítica
(Carlos
Drummond de Andrade)
Hablar sobre la adopción es siempre una vivencia cargada de mucha emoción para mí, por estar envuelta con este tema hasta mi propia alma. Y es con el lenguaje del alma que voy a exponer la presente elaboración.
Este es un trabajo de
investigación teórico-practico
que se inició en la década
de 80, y que aún continúa, siendo que, entre tantos otros aspectos
analizados, en este momento serán abordados, de manera sintética, apenas
tres tópicos, a saber:
1. - Expresiones simbólicas
2. - Mitos y dioses
3. - Cómplices del destino
En el decorrer de mí practica psicoterápica observe que muchos casos
atendidos eran de adoptados, y que
una serie de acontecimientos “coincidentes” al tema
circundaron mi vida profesional, lo que me llevo a indagar el
“porque” y “para que” de ese tipo específico de paciente, teniendo así
iniciada esta jornada de busca.
Se hace necesario aclarar
que, los casos que serán mencionados
se refieren a la adopción mal sucedida, que denomino “pseudoadopción”,
una adopción parcial frente a la cual el adoptivo ve a si propio
parcialmente, dicotomizado y cindido a nivel psico-emocional. Entretanto, no
intento llevar al descrédito la adopción como alternativa más válida para
los niños sin familia o institucionalizados, una vez que son incontables los
casos de adopciones bien sucedidas,
y que, talvez por eso, no llegaron al consultorio.
1. Expresiones simbólicas
La explanación del material clínico a seguir no tiene por base una
postura interpretativa, pero sí, un vistazo simbólico, una vez que los
aspectos sutiles que serán mencionados
son en última instancia manifestaciones del inconsciente, pudiendo ser
considerados como “entrelineas” del proceso de adopción, siendo aquí en
específico enfocados los casos del no conocimiento consciente de la adopción
por parte del adoptivo.
Aclaro que, personas no
adoptadas pueden también presentar expresiones similares a estas, una vez que
los temas abandono e rechazo son universales, o sea son arquetipos.
Parto del principio de que toda relación humana es organizada,
mediada, tanto por factores conscientes cuanto inconscientes y, por tanto,
dentro de las relaciones que se establecen en el proceso de adopción también
ocurre la interferencia de factores inconscientes, cuyo reconocimiento y
conscientización promueven la
salud psíquica.
La experiencia me viene
mostrando que cuando el adoptivo no sabe conscientemente que lo es, sabe sin
embargo inconscientemente, y cuando no se vuelve consciente de su condición,
su proceso de individuación puede ser obstruido desde su infancia.
El abandono es una condición
que generalmente antecede la adopción, y siendo el abandono y rechazo
arquetipos, el inconsciente sabe de la condición de adopción mismo que la
conciencia no sepa. El inconsciente va estar
incesantemente forneciendo
“avisos” de algo oculto para la conciencia, a través de los símbolos
manifiestos en sueños, fantasías, historias, dibujos, etc.
El símbolo es una especie
de instancia mediadora entre la incompatibilidad del inconsciente y del
consciente, entre lo oculto y lo revelado; es, entonces, exactamente a través
de el que ocurre el conocimiento inconsciente de la díada abandono-adopción,
sin embargo en estos casos sin poder actuar conscientemente.
Caso nº 1: Una niña de
8 años de edad, encaminada por la escuela para el atendimiento psicológico
debido a problemas en el aprendizaje. Durante la anamnésis los padres me
relataron que a parte de ellos yo era la única persona que pasara a saber de la
adopción, dado que ni el propio pediatra, parientes y amigos lo sabían.
Después de la confirmación
de la esterilidad materna, la pareja decidió adoptar una niña, pero todo lo
fue planificado para que nadie lo supiera. Se cambiaron de ciudad, retornando
para la antigua casi dos años después,
con una niña que todos creían ser hija biológica.
En la etapa del psicodiagnóstico,
la madre me llamó por teléfono desesperada, contando el sueño que la niña le
relatara; “Yo ayer soñé que tú no podías tener bebe, y fuiste a recoger
uno en una casa donde havia un montón
para escoger, y tú escogiste yo.”
En ese mismo día, en la sesión,
la niña, espontáneamente, me contó el sueño y
le solicité que lo dibujase, y enseguida le pregunté
que le parecía, y ella me respondió: ¡Ah! Fue solamente un sueño, no
es verdad, es una tontería de mi cabeza”.
La forma como el consciente
del niño adoptivo (que no sabe que lo es) reacciona, es semejante al de
cualquier otro niño, no adoptivo, que se depara
con situaciones no informadas
acerca de su persona, ocasionando un
conflicto, un estado de sufrimiento psíquico.
Según la Psicología Analítica,
los intentos de la conciencia de entrar en contacto con los complejos son
inicialmente del tipo mágico-apotropaico, esto es, intentos de exorcizarlos,
considerándolos como no existentes, llamándolos de “imaginaciones”,
constituyendo así una forma de asimilación, o sea, una forma de negación,
pues aquello de que se niega la existencia no existe
Sin embargo, con el decorrer
del tiempo, esas maniobras vienen a fallir y entonces insurge un estado de
descompensación y dislocamiento. La conciencia no está más en condición de
negar y lentamente es el complejo que se
apropia de la conciencia asimilándola.
Sin el conocimiento
consciente, la energía psíquica que se direcciona para el inconsciente no
consigue transformarse saludablemente, reapareciendo como síntomas muchas veces
neuróticos resultantes de las informaciones antagónicas entre el consciente y
el inconsciente.
Generalmente, como el caso
mencionado, el encaminamiento al psicólogo
es hecho debido a los síntomas-disturbios,
y no por la adopción mal sucedida en si.
“En la mayoría de los
casos, los niños parecían tener un enorme “hueco” afectivo emocional
interno incapaz de ser completado, estando siempre muy insatisfechos.” (Zimeo,
A. M. En las entrelíneas de la adopción. p. 99)
Este “hueco” era
simbolizado en los dibujos de diferentes maneras. En los testes proyectivos como
el HTP era común el árbol ser dibujado con un hueco en el tronco, y las
historias versaban sobre el tema del abandono.
Caso nº 2:
Una niña de 9 años de edad, encaminada por la escuela por presentar
comportamiento depresivo, manifiesto por aislarse socialmente. Después de hacer
el dibujo del árbol con un hueco en el tronco, ella contó: “esta es una
historia triste, muy triste porque la mamá pajarito abandonó el nido, porque
cuando fue a llevar la comida para su hijito, el nido estaba vacío y ella se
fue... ella no vio que el huevo con el pichón
se había caído en el suelo... y una culebra lo iba a comer.”
El árbol de un modo general,
simboliza la evolución, el crecimiento, el desarrollo de una persona; por lo
tanto, el hueco en ella inscrito representa simbólicamente un
“agujero” psíquico en ese desarrollo, por la inexistencia o
deficiencia afectiva de la relación parental
Sobre eso, Edinger dice:
[...] en los casos de perdida
de una figura parental en tierna
edad en que no hubo una substitución adecuada, se mantiene una especie de
agujero en la psique: una importante imagen arquetípica no sufrió
personalización, reteniendo por consiguiente, un poder primordial e ilimitado
que amenaza inundar el ego caso este
se le aproxime (Anatomía del la Psique. p. 114) .
Esa imagen arquetípica que
no sufrió personalización es la madre arquetípica que
no puede ser constelada en la madre o en el padre adoptantes, cuando
éstos inconscientemente niegan que el niño es adoptivo, negando en última
instancia que es un hijo, un hijo adoptivo.
Caso nº 3: un niño de 8 años de edad encaminado por la escuela
por comportamiento social agresivo y disturbios de aprendizaje. En lo dibujo de
la figura humana, al dibujar a sí propio él dijo:
“ese soy yo y aquí hay un
hueco... es un corazón.”
Por detrás de eso,
en las “entrelíneas”,
existen vacíos, “huecos” afectivos no elaborados
que conciernen a la persona de cada uno de los padres adoptantes, y que
son inconscientemente repasados para el niño a través de la relación con
este.
Al hablar y al escribir era
común el niño no utilizar el pronombre posesivo, o entonces usar vocablos
generales para las relaciones familiares, como por ejemplo: “el hombre/ el
padre” al envés de “padre mío”; “la mujer /la madre” al envés de
“mamá mía”; “la madre de la mujer” al envés de “abuela mía”,
etc.
Correspondientemente, en el
habla de los padres el distanciamiento afectivo era el mismo, cuando se referían
al niño, diciendo, por ejemplo: “el niño/ la niña” al envés de “hijo mío/
hija mía”.
Tanto la palabra hablada como
la escrita retratan imágenes que son configuraciones, tanto de un proceso simbólico
intrapsíquico, cuanto de la dinámica interpersonal padres-hijos adoptivos, que
corresponden a atributos constitutivos de la emoción presente, que en los
ejemplos supracitados son frutos de la defensa, de la recíproca negación
inconsciente del vínculo filial-parental.
En niños con más de 9 años de edad, se observó frecuente y acentuada dificultad de dibujar la familia, pues la noción de familia no fue interiorizada, por no haber sido de hecho vivenciada afectivamente. Muchos de esos niños cuando solicitados, me preguntaban: “Familia, como así dibujar una familia? No sé como es.”; y cuando llegaban a dibujar, o no se incluyan en el dibujo, o se dibujaban en una hoja a parte, o todavía se situaban en la misma hoja, pero, distante de los otros miembros.
Y, cuando raramente se incluía, era común dibujar a sí y a los padres con rostros sin haz. De esa forma, la no-identidad familiar también es expresa simbólicamente en los dibujos a través de rostros sin ojos, boca, nariz, manifestando la ausencia, el vacío, del “yo-padre/ yo-madre/ yo-hijo”, el vacío del yo.
El adoptivo, por no saber de
sus orígenes, se vuelve un ser alienado de sí mismo.
¿Delante de esto, como podrá
ese ser, alienado de sí propio, procesar su individuación si su identidad fue
negada o destorcida?
Si
para que ocurra el proceso de individuación se hace preliminarmente necesaria
la integración de los contenidos inconscientes a la conciencia, y si el
adoptivo no sabe conscientemente que lo es, ese proceso ya en el
período de la infancia tiene un obstáculo no transponible, y el destino
de “ser quien es” no se cumple.
De acuerdo con Jung:
El término “individuación”
puede [...] indicar solamente
un proceso psicológico que
realiza destinos individuales dados,
o sea, que hace del hombre aquél ser singular que es (CW. 8/2, § 174).
[...] La individualidad
psicológica existe inconscientemente a
priori, conscientemente, al envés, solamente en la medida en que
subsiste el conocimiento de un
peculiar modo de ser (CW. 6, § 465) .
2-Mitos y dioses
Las fronteras del proceso de individualización de la persona adoptiva se
expanden en la mitología, mas precisamente en el “mito del héroe”. Se sabe
que muchos héroes fueron abandonados y
adoptados, y la elaboración de esta tragedia constelada concretamente en sus
vidas requiere el esfuerzo psíquico para el trayecto simbólico del
“nacimiento-muerte-renacimiento”.
La jornada del héroe (o de
la individuación) es una jornada mítica-humana, o sea un trayecto arquetípico
y por tanto, constitutivo de todo y cualquier ser humano en el ámbito simbólico.
En la mitología griega, son innumerables los personajes míticos que vivieron esa jornada, como por ejemplo: Zeus, Apolo, Dionisio, Asclepios, Paris y tantos otros.
Será comentado el mito de Dionisio, por que en él residen aspectos simbólicos capitales similares a la jornada heroica de la persona adoptiva, como los temas: doble-nacimiento, dupla- madre, exposición, abandono, nostalgia.
Contando un poco sobre el
mito:
Dionisio, también llamado de
dios nacido dos veces, era hijo de Zeus, rey de los dioses, Y de Sémele,
princesa de Tebas, pero mortal. La
esposa inmortal de Zeus, la diosa Hera enfurecida con la infidelidad del marido,
se disfrazo de ama-seca y fue al encuentro de Sémele, todavía embarazada y la
persuadió a pedir que el marido se
mostrase, en todo su esplendor y gloria divina. Zeus hizo la voluntad de Sémele,
la cual no soportando la visión del dios circundando de clarores, tumbó
fulminada. Zeus retiró el bebe que ella llevaba en el vientre y ordenó que
Hermes, el mensajero de los dioses, lo cosiese en su (Zeus) muslo. Al terminar
la gestación, Dionisio nació, vivo
y perfecto.
Con todo, Hera seguió
molestando al extraño niño de
cuernos, y ordeno a los Titanes, dioses terrenos, que matasen al niño, haciéndolo
en pedazos. Zeus, consiguió rescatar el corazón del niño que todavía latía,
colocándolo para cocinar, junto con semientes de granada, transformando todo en
una poción mágica, la cuál dio de
beber para Perséfone, que acabara de ser raptada por Hades, dios de las
tinieblas y de la oscuridad, y que
se tornaría su esposa. Perséfone embarazó y nuevamente dio
a luz a Dionisio, el renacido de las tinieblas. Por ese motivo era
llamado de Dionisio-Iaco, el que nació dos veces, dios de la luz
y del éxtasis.
Convocado por su padre, Zeus
para vivir en la tierra junto a los hombres y de compartir con ellos las alegrías
y los sufrimientos de los mortales, Dionisio fue atingido por la locura de Hera,
yendo vaguear por el mundo al lado de sátiros selvagenes, de los locos y de los
animales. Dionisio dio a la humanidad el vino y sus bendiciones, y concedió al
éxtasis de la embriaguez, la redención espiritual a todos que decidieron
abandonar y renunciar a las riquezas y al poder material.
Por fin, su padre celestial
le permitió retornar al Olimpo, donde tomó su lugar a la derecha del rey de
los dioses. En ese período, Dionisio consiguió rescatar a su madre Sémele y
revivirla (síntesis extraída de: Sharman-Burke, J.; Greene, L. El Taro
Mitológico. p. 19-20) .
La afabulación del
doble-nacimiento, que quiere decir también dupla gestación, remite al esquema
clásico de la iniciación: nacimiento-muerte-renacimiento.
En el mito, el doble
nacimiento de Dionisio configurase, sea cuando es gestado en el muslo de Zeus y,
después cuando nace de Perséfone.
Así como Dionisio, los
adoptivos también fueron rechazados, viniendo a tener una segunda madre, la
adoptiva, que simboliza desde aquí, la posibilidad del renacimiento en el ámbito
psíquico.
La
doble madre se refiere a una madre humana y otra arquetípica.
Sémele fue su madre mortal, sin embargo, a través de Zeus (dios) y de
Perséfone (diosa) se configura su madre arquetípica, la cuál es proyectada en
quien cuido de él. Lo mismo se observa con el adoptivo que tiene una madre real
y una simbólica, y que constelará esta última en la primera. Alias, como
cualquier uno de nosotros, adoptivos o no.
Dionisio mantiene, por un
cierto tiempo, una conexión negativa con la madre arquetípica representada por
Hera ( diosa que de todo hizo para aniquilarlo). La diosa Hera comporta la
madre-bruja, la madre-mala, simbólicamente la haz materna del rechazo, pues
ella no acepta su existencia, que en el adoptivo
ocurre cuando la madre e/o el padre adoptantes inconscientemente
no lo acepta como hijo, y se
repite nuevamente el abandono en la vida del
niño, solo que de esta vez dentro del propio contexto dela adopción.
La consecuencia es trágica,
pues así como Dionisio es tomado por la locura
engendrada por Hera, el
adoptivo psíquicamente también se disocia, quiera
por no saber conscientemente de sus orígenes, quiera por no sentirse
afectivamente hijo de los padres
adoptantes. Dionisio se queda poseído, tomado por el aspecto negativo del
arquetipo materno, representado por Hera, siendo que mítica y psicológicamente
lo mismo ocurre con el adoptivo cuando tomado por
arquetipo del abandono-rechazo, lo que compone el complejo materno terrorífico.
Zeus, que siempre interfiere
a su favor, puede ser entendido como la conciencia de algo que es suyo por
derecho, ser su hijo y heredar su trono individuacional. Es como si Zeus
simbolizase la constante llamada de quien Dionisio realmente es. La
conscientización (Zeus) de esos
contenidos cindidos o disociados es la alternativa para la reintegración psíquica
del adoptivo, siendo el punto inicial para que el ego pueda comulgar con el
Self, pidiendo así el adoptivo recomponer quién de hecho es.
Esta recomposición también
ocurre cuando Dionisio cualificado de “toro” por los poetas, es dilacerado
por los Titanes y su carne devorada por las Bacantes.
Según Brandão:
[...] despedazando animales y
devorándolos, los devotos
de Dionisio se integran en él
y lo recomponen simbólicamente,
lo que consonante Jung, configura la conscientización de contenidos divididos
[...] De hecho, los Titanes se comportan como maestres de iniciación, en el
sentido de que matan el neófito, con el intuito de hacerlo “renacer” en una
forma superior de existencia [...] Dionisio es el dios de la metamorphosis,
quiere decir, el dios de la transformación (Mitología griega. vol. 1.
p. 137 e 135) .
¿Pero
a final, que es lo que muere y renace en el adoptivo ?
Algo que él
pierde y
reencuentra, su identidad. Ese proceso envuelve
una busca para el interior de sí mismo; es la regresión de la energía
para el consciente a fin de rescatar la madre arquetípica con quien perdió el
helo, o mejor, que no puede ser configurada el los madre / padre adoptantes. Él
busca a sí a través de la madre.
Así, Dionisio representa el
niño divino que, en todos nosotros, vive esta eterna busca.
Y Hillman dice:
Esta
es la figura clásica del Puer Aeternus; el componente eternamente joven
de cada psique humana [...] que está siempre ansiando, y que en última análisis
está ligado a la madre arquetípica. Nuestro pothos se refiere a nuestra
naturaleza angelícal, y nuestras ansias y viajes errantes por el mar son
efectos, en nuestras vidas personales, de las imágenes transpersonales que nos
solicitan, nos empelen y nos fuerzan
a imitar los destinos míticos (Estudios de Psicología Arquetípica. p.
67 y 77) .
Es en ese sentido que podemos
decir que somos todos adoptados, que en cada uno de nosotros habita un adoptado,
cuyas carencias y temores remiten a un Dios-Padre para consuelo, pero clama por
la venganza del abandono, del sentimiento de debilidad. El conflicto está
presente y es constitutivo del ser humano. Mas, en este trabajo importa reflejar
sobre estos mecanismos en el adoptado, sobre quién el abandono y sufrimiento
fueron a recaer.
Dionisio ejecuta esa busca
bajando hasta el fondo del Hades para de allá arrancar a su madre Sémele y
conferirle la inmortalidad. Hades puede simbolizar el inconsciente colectivo en
sus profundidades, y solo un chapuz profundo en este vasto infinito océano es
lo que nos hará re-significar la propia vida, pues en él reside el origen de
todo.
La búsqueda de los orígenes
es un tema universal (arquetípico), un motivo mítico presente en todos
nosotros. El niño adoptivo, como cualquier otro niño, en algún momento de su
vida, naturalmente, indaga sobre de dónde vino, para entonces poder orientarse
para donde va.
La integración de lo que el
niño adoptivo trae de sus orígenes y de su pasado, a lo largo de su desarrollo
individual, solo es posible si los padres y el niño aprendieren juntos a
comprender esos dados. La restitución de lo que el niño vivió permitirá el
sentimiento de su continuidad y de su identidad. Se trata de un proceso que
reconstruye el pasado en función del presente, con la mirada
hacia el futuro.
El adoptivo podrá entonces
cumplir su destino: el “quien soy” y el “para que soy”.
3. Cómplices del destino
Confieso ser cómplice de todo lo que fue expuesto, a través de mi
ancestralidad. Mi sobrenombre paterno fue inventado ha tres generaciones
pasadas. En una de las veces que estuve en Italia, en 1989, obtuve la confirmación
de que mi bisabuelo paterno havia vivido en un orfanato en el inicio de su
infancia, y fue adoptado por una pareja, que así como él, desconocía su
origen biológico. Por parte materna, mi abuela también italiana, fue criada
por la propia madre como si fuera adoptiva, porque esta creía que la hija se
había muerto en el parto, suponiendo que el marido le trajera otro bebé en su
lugar.
Comprendí entonces “por
que” y “para que”, por obra del destino, hayan sucedido conmigo tantos
encuentros con los adoptivos. No creo en coincidencias; por innumeras veces yo
conseguía entender lo que esos niños querían decirme, mismo que nada
pronunciasen, y principalmente sentir lo que sentían en su corazón.
Es importante aclarar que,
cuando hablo en destino considero ambos los princípios, causal (“por que”)
y final (“para que”), entretanto resalto la visión simbólica de ese término,
como una posibilidad a por venir,
con un sentido (Sinn)
En 1990 empecé a ministrar
conferencias y a publicar artículos sobre el tema de la adopción, sin embargo
ningún adoptivo llego al consultorio a través de esa divulgación, pero
exactamente como antes, ellos continuaban viniendo sin el conocimiento previo de
mi experiencia profesional con la adopción.
Años después me mude de São
Paulo para el Paraná, y creí que
mi encuentro con los adoptivos se rompería, y así que recomencé a atender en
psicoterapia busqué un orfanato en la nueva ciudad para prestar un trabajo
psicológico voluntario, pero no localicé ninguno. Después de tres meses, la
vecina de mi consultorio, la cuál yo no conocía, me pidió que atendiera a una
niña huérfana, que habitaba en el orfanato coordenado por ella.
Esas situaciones mencionadas
son algunas que entre tantas otras me sucedieron.
¿Cómo pueden ser entendidas
esas sucesivas “coincidencias” ?
Conforme Jung, esos son
eventos sincronísticos, siendo la sincronicidad comprendida como un
“principio de conexión acausal”. No es una casualidad mágica, pero si la
concomitancia entre dos hechos que no son regidos por la casualidad. Una conexión
que ocurre entre la psique personal y el mundo material, ambos considerados
apenas como diferentes formas de energía, justamente por serien regidos por el
arquetipo.
En las palabras de Jung;
[...] no apenas es
posible y si bastante probable que psique
y materia sean dos aspectos diferentes de una sola
y misma cosa. Parece que los fenómenos sincronísticos apuntan en esta
dirección, pues muestran que lo no psíquico
se porta como lo psíquico, y viceversa, sin que haya cualquier conexión
causal entre ellos (CW. 8/2, § 418) .
En
Reflexiones Teóricas sobre la Naturaleza de la Psique, Jung compara,
de forma sistemática, el recurso de una analogía entre la Física Quántica y
la psique, o sea una profunda convergencia de perspectivas entre la física
y la
Psicología, diciendo;
[...]
comparada a otras ciencias naturales, la Psicología se encuentra en una situación
crítica porque le falta una base colocada al externo del su objeto. No
puede traducirse o reconocerse que
en sí misma. Cuanto más se amplía el campo
de sus objetivos, más estos se hacen complexos, y más le falta un ángulo
visual distinto de su objeto. Es cuando la complejidad retoma la propia
complejidad del hombre empírico, la su Psicología desemboca inevitablemente en
el mismo proceso psíquico. No es mas en condiciones de distinguirse de ese,
pero se torna el proceso idéntico. El efecto es
el siguiente: El proceso retoma la conciencia e [...] la psicología es
el “hacerse conciencia” del proceso psíquico pero no es una
explicación de tal proceso, porque cada explicación del hecho psíquico no
puede ser otra que el propio proceso vital de la psique [...] (CW. 8/2,
§ 429).
OBS:
Lo grifo es mío
y de propósito.
Y es exactamente en ese punto
que Jung menciona la analogía entre
la Física Quántica y la psique. Él busca recursos de apoyo en la Física por
acreditar que en
ciertas zonas de contacto entre lo físico o lo psíquico fuera
operativo el principio
de sincronicidad.
En particular, el concepto de
arquétipo, en la su irrepresentabilidad constitutiva
– que sin embargo está ligado
con su operar “indirecto” sobre la conciencia
-- es lo que más se
beneficia, según Jung, de las ventajas provenientes de la correspondencia
establecida con ciertos sectores de pesquisa de la Física.
Así conforme Jung:
[...]
También la Física presenta una situación análoga. Existen, en la Física,
partículas que por sí non son perceptibles, capaces sin embargo de efectos en
base a la cuya naturaleza podemos construir un determinado modelo. La
representación arquetípica, el así
llamado motivo
o
mitologema, corresponde a una
construcción del
género [...] Cuando la Psicología hipotetiza, con base en sus
observaciones, la existencia de ciertos factores psicóides irrepresentables, se
comporta del mismo modo que la Física cuando construye un modelo de átomo [..]
(CW. 8/2, § 417) .
La sincronicidad es quántica por el hecho de existir una concomitancia
entre lo físico e lo psíquico, o entre lo psíquico
y lo psíquico. Y el hecho del
individuo percibir la concomitancia propicia
favorecer el significado.
Así, los hechos están
siempre ínter ligados pero depende de la “mirada” del observador para
percibir la concomitancia y cuál el significado (subjetivo) de la misma. Esa
mirada es en última instancia simbólica, y la interpretación del símbolo es
personal, o sea, subjetiva.
Para la Física Quántica el
Universo es como un mar de ondas quánticas. La energía quántica se mueve por
ondas, las cuáles transportan informaciones, ínter ligando todo en el
Universo. De eso resulta la idea de macrocosmo y microcosmo ínter ligados,
unificados. Esto porque la energía quántica que es una energía primitiva,
tiene su dislocamiento más rápido que la velocidad de la luz, dónde lo todo y
sus partes mantienen una recíproca interrelación y analogía. Podríamos
comparar el Universo (macrocosmo) como siendo
una torta y cada uno de nosotros (microcosmo) como si fuéramos las
lonjas, y por tanto todo lo que está en la torta (como por ejemplo, la harina,
leche, huevos etc.) está también en cada lonja. Por eso para que podamos
comprender el Universo no necesitamos buscar fuera, pero si
dentro de nosotros mismos. Así como el todo contiene las partes, cada
parte contiene lo todo.
La sincronicidad seria como
una piedra que lanzada en un lago forma varios círculos, siendo que todo
que se encontrar en una misma camada, mismo distante, tiene la misma
información.
De esa manera, por destino se
comprende algo organizado sincronísticamente con una dirección.
Cuando hablamos en Universo
nos referimos al infinito en el ámbito de espacio y tiempo, donde no hay
comienzo y no hay fin, sólo mudanza, o sea, un proceso continuo.
En ese sentido el tiempo y el
espacio no son absolutos, pues son en realidad una construcción del
pensamiento, de la conciencia.
Jung tienta ampliar la
relatividad espacio-temporal de los eventos, para en ellos incluir, como
ulterior elemento determinante, el “estado psíquico”, desde que este sea
definido de modo más amplio posible:
[...]En las experiencias con el tiempo y el
espacio, respectivamente, esos dos factores se
reducen mas o menos a cero, como si el espacio y el tiempo dependiesen de
condiciones psíquicas, o como si existiesen por sí mismos y fueran
“producidos” por la conciencia [...] En sí, el espacio y el tiempo
consisten en nada. Son conceptos hipostasiados, nacidos de la actividad
discriminadora de la conciencia y forman las coordenadas indispensables para la
descripción del comportamiento de los cuerpos en movimiento. Son, por tanto,
de origen esencialmente psíquica [...] (CW. 8/3, § 840).
Así, mas que una tentativa
de la conciencia de explicar lo que es espacio y tiempo, se podría atribuir a
estos un carácter simbólico de “puentes” unísonos entre
lo antes y lo después, y entre el allá y el aquí, en un todo único y continuum.
Esa interconexión transciende todos nuestros
sentidos, y toda y cualquiera explicación se presenta como una mera construcción
teórica che reduce.
En otras palabras, el que
permanece aquí como una cuestión en abierto es el hecho de que tanto la
Psicología Analítica cuanto la Física saben que existe algo que no es el
espacio-tiempo; saben apenas que existe algo mas allá, pero no saben lo que es,
o sea, que permanece como una
construcción teórica, fruto de la
conciencia. El mas allá del espacio-tiempo
no es físico, es inmensurable.
Pero lo que está mas allá
del espacio-tiempo está dentro de todas las cosas, dentro de cada punto de
nosotros mismos, dentro de cada
punto del
Espacio (Universo).
Por tanto, adentro y afuera simultáneamente, en una interpenetración de
universos.
Ese mas
allá, esa conciencia superior,
jamás podrá ser atingida en su plenitud, pero ciertamente ser vivenciada a
través de los encuentros con el “otro” y “consigo mismo”. Ese mas allá
siempre existió y existirá mas allá
de nosotros y en cada uno de nosotros, y también por infinitas veces vendrá a
nuestro encuentro, de manera natural, para que cumplamos nuestro destino.
Y así como un poema ese más
allá es inagotable.
Gracias quiero dar al divino
Laberinto de los efectos y de las causas
Por la diversidad de las criaturas
Que forman este singular universo,
Por la razón, que no cesará de soñar
Con un plano del laberinto,
Por el rostro de Elena y la perseverancia de Ulises,
Por el amor que nos deja ver a los otros
Como los ve la divinidad,
Por el firme diamante y el agua suelta,
Por el álgebra, palacio de precisos cristales,
Por las místicas monedas de Ángel Silesio,
Por Schopenhauer,
Que acaso descifró el universo,
Por el fulgor del fuego
Que ningún ser humano puede mirar sin un asombro antiguo,
Por la caoba, el cedro y el sándalo,
Por el pan y la sal,
Por el misterio de la rosa
Que prodiga color y que no lo ve,
Por ciertas vísperas y días de 1955,
Por los duros troperos que en la llanura
Arrean los animales y el alba,
Por la mañana en Montevideo,
Por el arte de la amistad,
Por el último día de Sócrates,
Por las palabras que en un crepúsculo se dijeron
De una cruz a otra cruz,
Por aquel sueño del Islam que abarcó
Mil noches y una noche,
Por aquel otro sueño del infierno,
De la torre del fuego que purifica
Y de las esferas gloriosas,
Por Schwedenborg,
Que conversaba con los ángeles en las calles de Londres,
Por los ríos secretos e inmemoriales
Que convergen en mí,
Por el idioma que, hace siglos, hablé en Nortumbría,
Por la espada y el arpa de los sajones,
Por el mar, que es un desierto resplandeciente
Y una cifra de cosas que no sabemos
Y un epitafio de los vikingos,
Por la música verbal de Inglaterra,
Por la música verbal de Alemania,
Por el oro, que relumbra en los versos,
Por el épico invierno,
por el nombre de un libro que no he leído:
Gesta Dei per Francos,
por Verlaine, inocente como los pájaros,
Por el prisma de cristal y la pesa de bronce,
por las rayas del tigre,
por las altas torres de San Francisco y de la isla de Manhattan,
por la mañana en Texas,
Por aquel sevillano que redactó la Epístola Moral
y cuyo nombre, como él hubiera preferido, ignoramos,
Por Séneca y Lucano, de Córdoba,
Que antes del español escribieron
Toda la literatura española,
Por el geométrico y bizarro ajedrez,
Por la tortuga de Zenón y el mapa de Royce,
por el olor medicinal de los eucaliptos,
Por el lenguaje, que puede simular la sabiduría,
Por el olvido, que anula o modifica el pasado,
Por la costumbre,
Que nos repite y nos confirma como un espejo,
Por la mañana, que nos depara la ilusión de un principio,
Por la noche, su tiniebla y su astronomía,
Por el valor y la felicidad de los otros,
Por la patria, sentida en los jazmines
O en una vieja espada,
Por Whitman y Francisco de Asís, que ya escribieron el poema,
Por el hecho de que el poema es inagotable
Y se confunde con la suma de las criaturas
Y no llegará jamás al último verso
Y varía según los hombres,
Por Frances Haslam, que pidió perdón a sus hijos
Por morir tan despacio,
Por los minutos que preceden al sueño,
Por el sueño y la muerte,
Esos dos tesoros ocultos,
Por los íntimos dones que no enumero,
Por la música, misteriosa forma del tiempo.
( Jorge Luis Borges )
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