LA  ADOPCIÓN  Y  EL   INCONSCIENTE: UN  ABORDAJE  SIMBÓLICO  DE LA PSICOLOGÍA ANALÍTICA

Antonieta Maame Zimeo ( Brasil )
Miembro Honorífico de la Fundación C.g.Jung de Psicología Analítica 

                                

                  “Entre  la raíz y la flor hay el tiempo”

(Carlos Drummond de Andrade)                                             

 

 

Hablar sobre la adopción es siempre una  vivencia cargada de mucha emoción para mí, por estar envuelta con este tema hasta mi propia alma. Y es con el lenguaje del alma que voy a exponer la presente elaboración.

        Este es un trabajo de investigación  teórico-practico  que se inició  en la década de 80, y que aún continúa, siendo que, entre tantos otros aspectos analizados, en este momento serán abordados, de manera sintética, apenas tres tópicos, a saber:

 

        1. - Expresiones simbólicas

        2. - Mitos y dioses

        3. - Cómplices del destino

 

        En el decorrer de mí practica psicoterápica observe que muchos casos atendidos  eran de adoptados, y que una serie de acontecimientos “coincidentes” al tema  circundaron mi vida profesional, lo que me llevo a indagar el “porque” y “para que” de ese tipo específico de paciente, teniendo así iniciada esta jornada de busca.

        Se hace necesario aclarar que, los casos que serán  mencionados se refieren a la adopción mal sucedida, que denomino “pseudoadopción”, una adopción parcial frente a la cual el adoptivo ve a si propio parcialmente, dicotomizado y cindido a nivel psico-emocional. Entretanto, no intento llevar al descrédito la adopción como alternativa más válida para los niños sin familia o institucionalizados, una vez que son incontables los casos de adopciones bien  sucedidas, y que, talvez por eso, no llegaron al consultorio.

 

 

 

1. Expresiones simbólicas

       

        La explanación del material clínico a seguir no tiene por base una postura interpretativa, pero sí, un vistazo simbólico, una vez que los aspectos sutiles que serán  mencionados son en última instancia manifestaciones del inconsciente, pudiendo ser considerados como “entrelineas” del proceso de adopción, siendo aquí en específico enfocados los casos del no conocimiento consciente de la adopción  por parte del adoptivo.

        Aclaro que, personas no adoptadas pueden también presentar expresiones similares a estas, una vez que los temas abandono e rechazo son universales, o sea son arquetipos.

        Parto del principio de que toda relación humana es organizada, mediada, tanto por factores conscientes cuanto inconscientes y, por tanto, dentro de las relaciones que se establecen en el proceso de adopción también ocurre la interferencia de factores inconscientes, cuyo reconocimiento y conscientización  promueven la salud psíquica.

        La experiencia me viene mostrando que cuando el adoptivo no sabe conscientemente que lo es, sabe sin embargo inconscientemente, y cuando no se vuelve consciente de su condición, su proceso de individuación puede ser obstruido desde su infancia.

        El abandono es una condición que generalmente antecede la adopción, y siendo el abandono y rechazo arquetipos, el inconsciente sabe de la condición de adopción mismo que la conciencia no sepa. El inconsciente va estar  incesantemente  forneciendo  “avisos” de algo oculto para la conciencia, a través de los símbolos manifiestos en sueños, fantasías, historias, dibujos, etc.

        El símbolo es una especie de instancia mediadora entre la incompatibilidad del inconsciente y del consciente, entre lo oculto y lo revelado; es, entonces, exactamente a través de el que ocurre el conocimiento inconsciente de la díada abandono-adopción, sin embargo en estos casos sin poder actuar conscientemente.


 

 

        Caso nº 1: Una niña  de 8 años de edad, encaminada por la escuela para el atendimiento psicológico debido a problemas en el aprendizaje. Durante la anamnésis los padres me relataron que a parte de ellos yo era la única persona que pasara a saber de la adopción, dado que ni el propio pediatra, parientes y amigos lo sabían.

        Después de la confirmación de la esterilidad materna, la pareja decidió adoptar una niña, pero todo lo fue planificado para que nadie lo supiera. Se cambiaron de ciudad, retornando para la antigua  casi dos años después, con una niña que todos creían ser hija biológica.

        En la etapa del psicodiagnóstico, la madre me llamó por teléfono desesperada, contando el sueño que la niña le relatara; “Yo ayer soñé que tú no podías tener bebe, y fuiste a recoger uno en una casa  donde havia un montón para escoger, y tú  escogiste yo.”

        En ese mismo día, en la sesión, la niña, espontáneamente, me contó el sueño y  le solicité que lo dibujase, y enseguida le pregunté  que le parecía, y ella me respondió: ¡Ah! Fue solamente un sueño, no es verdad, es una tontería de mi cabeza”.

        La forma como el consciente del niño adoptivo (que no sabe que lo es) reacciona, es semejante al de cualquier otro niño, no adoptivo, que se  depara  con situaciones  no informadas acerca de su persona, ocasionando  un conflicto, un estado de sufrimiento psíquico.

        Según la Psicología Analítica, los intentos de la conciencia de entrar en contacto con los complejos son inicialmente del tipo mágico-apotropaico, esto es, intentos de exorcizarlos, considerándolos como no existentes, llamándolos de “imaginaciones”, constituyendo así una forma de asimilación, o sea, una forma de negación, pues aquello de que se niega la existencia no existe

        Sin embargo, con el decorrer del tiempo, esas maniobras vienen a fallir y entonces insurge un estado de descompensación y dislocamiento. La conciencia no está más en condición de negar y lentamente es el complejo que  se apropia de la conciencia asimilándola.

        Sin el conocimiento consciente, la energía psíquica que se direcciona para el inconsciente no consigue transformarse saludablemente, reapareciendo como síntomas muchas veces neuróticos resultantes de las informaciones antagónicas entre el consciente y el inconsciente.

        Generalmente, como el caso mencionado, el encaminamiento al  psicólogo es hecho  debido a los síntomas-disturbios, y no por la adopción mal sucedida en si.

        “En la mayoría de los casos, los niños parecían tener un enorme “hueco” afectivo emocional interno incapaz de ser completado, estando siempre muy insatisfechos.” (Zimeo, A. M. En las entrelíneas de la adopción. p. 99)

        Este “hueco” era simbolizado en los dibujos de diferentes maneras. En los testes proyectivos como el HTP era común el árbol ser dibujado con un hueco en el tronco, y las historias versaban sobre el tema del abandono.

 

        Caso nº 2: Una niña de 9 años de edad, encaminada por la escuela por presentar comportamiento depresivo, manifiesto por aislarse socialmente. Después de hacer el dibujo del árbol con un hueco en el tronco, ella contó: “esta es una historia triste, muy triste porque la mamá pajarito abandonó el nido, porque cuando fue a llevar la comida para su hijito, el nido estaba vacío y ella se fue... ella no vio que el huevo con el pichón  se había caído en el suelo... y una culebra lo iba a comer.”

        El árbol de un modo general, simboliza la evolución, el crecimiento, el desarrollo de una persona; por lo tanto, el hueco en ella inscrito representa simbólicamente un  “agujero” psíquico en ese desarrollo, por la inexistencia o deficiencia afectiva de la relación parental

        Sobre eso, Edinger dice:

    [...] en los casos de perdida de una figura parental en  tierna edad en que no hubo una substitución adecuada, se mantiene una especie de agujero en la psique: una importante imagen arquetípica no sufrió personalización, reteniendo por consiguiente, un poder primordial e ilimitado que amenaza inundar el ego  caso este se le aproxime (Anatomía del la Psique. p. 114) .

        Esa imagen arquetípica que no sufrió personalización es la madre arquetípica que  no puede ser constelada en la madre o en el padre adoptantes, cuando éstos inconscientemente niegan que el niño es adoptivo, negando en última instancia que es un hijo, un hijo adoptivo.

 

        Caso nº 3: un niño de 8 años de edad encaminado por la escuela por comportamiento social agresivo y disturbios de aprendizaje. En lo dibujo de la figura humana, al dibujar a sí propio él dijo:  “ese  soy yo y aquí hay un hueco...  es un corazón.”

        Por detrás de eso,  en las  “entrelíneas”, existen vacíos, “huecos” afectivos no elaborados  que conciernen a la persona de cada uno de los padres adoptantes, y que son inconscientemente repasados para el niño a través de la relación con este.

        Al hablar y al escribir era común el niño no utilizar el pronombre posesivo, o entonces usar vocablos generales para las relaciones familiares, como por ejemplo: “el hombre/ el padre” al envés de “padre mío”; “la mujer /la madre” al envés de “mamá mía”; “la madre de la mujer” al envés de “abuela mía”, etc.

        Correspondientemente, en el habla de los padres el distanciamiento afectivo era el mismo, cuando se referían al niño, diciendo, por ejemplo: “el niño/ la niña” al envés de “hijo mío/ hija mía”.

        Tanto la palabra hablada como la escrita retratan imágenes que son configuraciones, tanto de un proceso simbólico intrapsíquico, cuanto de la dinámica interpersonal padres-hijos adoptivos, que corresponden a atributos constitutivos de la emoción presente, que en los ejemplos supracitados son frutos de la defensa, de la recíproca negación inconsciente del vínculo filial-parental.

        En niños con más de 9 años de edad, se observó frecuente y acentuada dificultad de dibujar la familia, pues la noción de familia no fue interiorizada, por no haber sido de hecho vivenciada afectivamente. Muchos de esos niños cuando solicitados, me preguntaban: “Familia, como así dibujar una familia? No sé como es.”; y cuando llegaban a dibujar, o no se incluyan en el dibujo, o se dibujaban en una hoja a parte, o todavía se situaban en la misma hoja, pero, distante de los otros miembros.

       Y, cuando raramente se incluía, era común dibujar a sí y a los padres con rostros sin haz. De esa forma, la no-identidad  familiar también es expresa simbólicamente en los dibujos a través de rostros sin ojos, boca, nariz, manifestando la ausencia, el vacío, del “yo-padre/ yo-madre/ yo-hijo”, el vacío del  yo.

        El adoptivo, por no saber de sus orígenes, se vuelve un ser alienado de sí mismo.

        ¿Delante de esto, como podrá ese ser, alienado de sí propio, procesar su individuación si su identidad fue negada o destorcida?

         Si para que ocurra el proceso de individuación se hace preliminarmente necesaria la integración de los contenidos inconscientes a la conciencia, y si el adoptivo no sabe conscientemente que lo es, ese proceso ya en el  período de la infancia tiene un obstáculo no transponible, y el destino de “ser quien es” no se cumple.

        De acuerdo con Jung:

             El término “individuación” puede [...] indicar solamente

              un proceso psicológico que realiza destinos individuales    dados, o sea, que hace del hombre aquél ser singular que es (CW. 8/2, § 174).

   [...] La individualidad psicológica existe inconscientemente a    priori, conscientemente, al envés, solamente en la medida en que subsiste el conocimiento  de un peculiar modo de ser (CW. 6, § 465) .

 

 

        2-Mitos y dioses

 

 

        Las fronteras del proceso de individualización de la persona adoptiva se expanden en la mitología, mas precisamente en el “mito del héroe”. Se sabe que muchos héroes fueron abandonados  y adoptados, y la elaboración de esta tragedia constelada concretamente en sus vidas requiere el esfuerzo psíquico para el trayecto simbólico del “nacimiento-muerte-renacimiento”.

        La jornada del héroe (o de la individuación) es una jornada mítica-humana, o sea un trayecto arquetípico y por tanto, constitutivo de todo y cualquier ser humano en el ámbito simbólico.

        En la mitología griega, son innumerables los personajes míticos que vivieron esa jornada, como por ejemplo: Zeus, Apolo, Dionisio, Asclepios, Paris y tantos otros.

         Será comentado el mito de Dionisio, por que en él residen aspectos simbólicos capitales similares a la jornada heroica de la persona adoptiva, como los temas: doble-nacimiento, dupla- madre, exposición, abandono, nostalgia.

        Contando un poco sobre el mito:

        Dionisio, también llamado de dios nacido dos veces, era hijo de Zeus, rey de los dioses, Y de Sémele, princesa  de Tebas, pero mortal. La esposa inmortal de Zeus, la diosa Hera enfurecida con la infidelidad del marido, se disfrazo de ama-seca y fue al encuentro de Sémele, todavía embarazada y la persuadió a pedir  que el marido se mostrase, en todo su esplendor y gloria divina. Zeus hizo la voluntad de Sémele, la cual no soportando la visión del dios circundando de clarores, tumbó fulminada. Zeus retiró el bebe que ella llevaba en el vientre y ordenó que Hermes, el mensajero de los dioses, lo cosiese en su (Zeus) muslo. Al terminar la gestación, Dionisio nació,  vivo y perfecto.

        Con todo, Hera seguió molestando  al extraño niño de cuernos, y ordeno a los Titanes, dioses terrenos, que matasen al niño, haciéndolo en pedazos. Zeus, consiguió rescatar el corazón del niño que todavía latía, colocándolo para cocinar, junto con semientes de granada, transformando todo en una poción mágica, la cuál dio  de beber para Perséfone, que acabara de ser raptada por Hades, dios de las tinieblas  y de la oscuridad, y que se tornaría su esposa. Perséfone embarazó y nuevamente dio  a luz a Dionisio, el renacido de las tinieblas. Por ese motivo era llamado de Dionisio-Iaco, el que nació dos veces, dios de la luz y  del éxtasis.

        Convocado por su padre, Zeus para vivir en la tierra junto a los hombres y de compartir con ellos las alegrías y los sufrimientos de los mortales, Dionisio fue atingido por la locura de Hera, yendo vaguear por el mundo al lado de sátiros selvagenes, de los locos y de los animales. Dionisio dio a la humanidad el vino y sus bendiciones, y concedió al éxtasis de la embriaguez, la redención espiritual a todos que decidieron abandonar y renunciar a las riquezas y al poder material.

        Por fin, su padre celestial le permitió retornar al Olimpo, donde tomó su lugar a la derecha del rey de los dioses. En ese período, Dionisio consiguió rescatar a su madre Sémele y revivirla (síntesis extraída de: Sharman-Burke, J.; Greene, L. El Taro Mitológico. p. 19-20) .

        La afabulación del doble-nacimiento, que quiere decir también dupla gestación, remite al esquema clásico de la iniciación:  nacimiento-muerte-renacimiento.

        En el mito, el doble nacimiento de Dionisio configurase, sea cuando es gestado en el muslo de Zeus y, después cuando nace de Perséfone.

        Así como Dionisio, los adoptivos también fueron rechazados, viniendo a tener una segunda madre, la adoptiva, que simboliza desde aquí, la posibilidad del renacimiento en el ámbito psíquico.

       La  doble madre se refiere a una madre humana y otra arquetípica.       Sémele fue su madre mortal, sin embargo, a través de Zeus (dios) y de Perséfone (diosa) se configura su madre arquetípica, la cuál es proyectada en quien cuido de él. Lo mismo se observa con el adoptivo que tiene una madre real y una simbólica, y que constelará esta última en la primera. Alias, como cualquier uno de nosotros, adoptivos o no.

        Dionisio mantiene, por un cierto tiempo, una conexión negativa con la madre arquetípica representada por Hera ( diosa que de todo hizo para aniquilarlo). La diosa Hera comporta la madre-bruja, la madre-mala, simbólicamente la haz materna del rechazo, pues ella no acepta su existencia, que en el  adoptivo ocurre cuando la madre e/o el padre adoptantes inconscientemente  no lo acepta como hijo, y  se repite nuevamente el abandono en la vida del  niño, solo que de esta vez dentro del propio contexto dela adopción.

        La consecuencia es trágica, pues así como Dionisio es tomado por la locura  engendrada  por Hera, el adoptivo psíquicamente también se disocia, quiera  por no saber conscientemente de sus orígenes, quiera por no sentirse afectivamente hijo  de los padres adoptantes. Dionisio se queda poseído, tomado por el aspecto negativo del arquetipo materno, representado por Hera, siendo que mítica y psicológicamente  lo mismo ocurre con el adoptivo cuando tomado por  arquetipo del abandono-rechazo, lo que compone el complejo materno terrorífico.

        Zeus, que siempre interfiere a su favor, puede ser entendido como la conciencia de algo que es suyo por derecho, ser su hijo y heredar su trono individuacional. Es como si Zeus simbolizase la constante llamada de quien Dionisio realmente es. La conscientización (Zeus)  de esos contenidos cindidos o disociados es la alternativa para la reintegración psíquica del adoptivo, siendo el punto inicial para que el ego pueda comulgar con el Self, pidiendo así el adoptivo recomponer quién de hecho es.

        Esta recomposición también ocurre cuando Dionisio cualificado de “toro” por los poetas, es dilacerado por los Titanes y su carne devorada por las Bacantes.

        Según Brandão:

               [...] despedazando animales y devorándolos, los devotos

            de Dionisio se integran en él y lo recomponen   simbólicamente, lo que consonante Jung, configura la conscientización de contenidos divididos [...] De hecho, los Titanes se comportan como maestres de iniciación, en el sentido de que matan el neófito, con el intuito de hacerlo “renacer” en una forma superior de existencia [...] Dionisio es el dios de la metamorphosis, quiere decir, el dios de la transformación (Mitología griega. vol. 1.  p. 137 e 135) .

      ¿Pero a final, que es lo que muere y renace en el adoptivo ?

        Algo que él  pierde  y  reencuentra, su identidad. Ese proceso envuelve  una busca para el interior de sí mismo; es la regresión de la energía para el consciente a fin de rescatar la madre arquetípica con quien perdió el helo, o mejor, que no puede ser configurada el los madre / padre adoptantes. Él busca a sí a través de la madre.

       Así, Dionisio representa el niño divino que, en todos nosotros, vive esta eterna busca.

       Y Hillman dice:

       Esta es la figura clásica del Puer Aeternus; el componente eternamente joven de cada psique humana [...] que está siempre ansiando, y que en última análisis está ligado a la madre arquetípica. Nuestro pothos se refiere a nuestra naturaleza angelícal, y nuestras ansias y viajes errantes por el mar son efectos, en nuestras vidas personales, de las imágenes transpersonales que nos solicitan, nos empelen  y nos fuerzan a imitar los destinos míticos (Estudios de Psicología Arquetípica. p. 67 y 77) .

        Es en ese sentido que podemos decir que somos todos adoptados, que en cada uno de nosotros habita un adoptado, cuyas carencias y temores remiten a un Dios-Padre para consuelo, pero clama por la venganza del abandono, del sentimiento de debilidad. El conflicto está presente y es constitutivo del ser humano. Mas, en este trabajo importa reflejar sobre estos mecanismos en el adoptado, sobre quién el abandono y sufrimiento fueron a recaer.

        Dionisio ejecuta esa busca bajando hasta el fondo del Hades para de allá arrancar a su madre Sémele y conferirle la inmortalidad. Hades puede simbolizar el inconsciente colectivo en sus profundidades, y solo un chapuz profundo en este vasto infinito océano es lo que nos hará re-significar la propia vida, pues en él reside el origen de todo.

        La búsqueda de los orígenes es un tema universal (arquetípico), un motivo mítico presente en todos nosotros. El niño adoptivo, como cualquier otro niño, en algún momento de su vida, naturalmente, indaga sobre de dónde vino, para entonces poder orientarse  para donde va.

        La integración de lo que el niño adoptivo trae de sus orígenes y de su pasado, a lo largo de su desarrollo individual, solo es posible si los padres y el niño aprendieren juntos a comprender esos dados. La restitución de lo que el niño vivió permitirá el sentimiento de su continuidad y de su identidad. Se trata de un proceso que reconstruye el pasado en función del presente, con la mirada  hacia el futuro.

        El adoptivo podrá entonces cumplir su destino: el “quien soy” y el “para que soy”.

 

 

        3. Cómplices del destino

 

        Confieso ser cómplice de todo lo que fue expuesto, a través de mi ancestralidad. Mi sobrenombre paterno fue inventado ha tres generaciones pasadas. En una de las veces que estuve en Italia, en 1989, obtuve la confirmación de que mi bisabuelo paterno havia vivido en un orfanato en el inicio de su infancia, y fue adoptado por una pareja, que así como él, desconocía su origen biológico. Por parte materna, mi abuela también italiana, fue criada por la propia madre como si fuera adoptiva, porque esta creía que la hija se había muerto en el parto, suponiendo que el marido le trajera otro bebé en su lugar.

        Comprendí entonces “por que” y “para que”, por obra del destino, hayan sucedido conmigo tantos encuentros con los adoptivos. No creo en coincidencias; por innumeras veces yo conseguía entender lo que esos niños querían decirme, mismo que nada pronunciasen, y principalmente sentir lo que sentían en su corazón.

        Es importante aclarar que, cuando hablo en destino considero ambos los princípios, causal (“por que”) y final (“para que”), entretanto resalto la visión simbólica de ese término, como una posibilidad  a por venir, con un sentido (Sinn)

        En 1990 empecé a ministrar conferencias y a publicar artículos sobre el tema de la adopción, sin embargo ningún adoptivo llego al consultorio a través de esa divulgación, pero exactamente como antes, ellos continuaban viniendo sin el conocimiento previo de mi experiencia profesional con la adopción.

        Años después me mude de São Paulo  para el Paraná, y creí que mi encuentro con los adoptivos se rompería, y así que recomencé a atender en psicoterapia busqué un orfanato en la nueva ciudad para prestar un trabajo psicológico voluntario, pero no localicé ninguno. Después de tres meses, la vecina de mi consultorio, la cuál yo no conocía, me pidió que atendiera a una niña huérfana, que habitaba en el orfanato coordenado por ella.

        Esas situaciones mencionadas son algunas que entre tantas otras me sucedieron.

        ¿Cómo pueden ser entendidas esas sucesivas “coincidencias” ?

        Conforme Jung, esos son eventos sincronísticos, siendo la sincronicidad comprendida como un “principio de conexión acausal”. No es una casualidad mágica, pero si la concomitancia entre dos hechos que no son regidos por la casualidad. Una conexión que ocurre entre la psique personal y el mundo material, ambos considerados apenas como diferentes formas de energía, justamente por serien regidos por el arquetipo.

        En las palabras de Jung;

             [...] no apenas es posible y si bastante probable que  psique y materia sean dos aspectos diferentes de una sola  y misma cosa. Parece que los fenómenos sincronísticos apuntan en esta dirección, pues muestran que lo no psíquico  se porta como lo psíquico, y viceversa, sin que haya cualquier conexión causal entre ellos (CW. 8/2, § 418) .

        En  Reflexiones Teóricas sobre la Naturaleza de la Psique, Jung compara, de forma sistemática, el recurso de una analogía entre la Física Quántica y la psique, o sea una profunda convergencia de perspectivas entre la física  y  la      Psicología, diciendo;

               [...] comparada a otras ciencias naturales, la Psicología se encuentra en una situación crítica porque le falta una base colocada al externo del su objeto. No puede traducirse o reconocerse  que en sí misma. Cuanto más se amplía el campo  de sus objetivos, más estos se hacen complexos, y más le falta un ángulo visual distinto de su objeto. Es cuando la complejidad retoma la propia complejidad del hombre empírico, la su Psicología desemboca inevitablemente en el mismo proceso psíquico. No es mas en condiciones de distinguirse de ese,  pero se torna el proceso idéntico. El efecto es  el siguiente: El proceso retoma la conciencia e [...] la psicología es el “hacerse conciencia” del proceso psíquico pero no es una explicación de tal proceso, porque cada explicación del hecho psíquico no puede ser otra que el propio proceso vital de la psique [...] (CW. 8/2, § 429).

        OBS: Lo grifo es mío y de propósito.

        Y es exactamente en ese punto que Jung menciona la analogía  entre la Física Quántica y la psique. Él busca recursos de apoyo en la Física por acreditar que en        ciertas zonas de contacto entre lo físico o lo psíquico fuera    operativo  el principio  de sincronicidad.

        En particular, el concepto de arquétipo, en la su irrepresentabilidad constitutiva    que sin embargo está            ligado con su operar “indirecto” sobre la conciencia  --  es lo que más se beneficia, según Jung, de las ventajas provenientes de la correspondencia establecida con ciertos sectores de pesquisa de la Física.

        Así conforme Jung:

                [...] También la Física presenta una situación análoga. Existen, en la Física, partículas que por sí non son perceptibles, capaces sin embargo de efectos en base a la cuya naturaleza podemos construir un determinado modelo. La representación arquetípica, el así   llamado   motivo   o         mitologema, corresponde a una    construcción   del     género [...] Cuando la Psicología hipotetiza, con base en sus observaciones, la existencia de ciertos factores psicóides irrepresentables, se comporta del mismo modo que la Física cuando construye un modelo de átomo [..] (CW. 8/2, § 417) .   

        La sincronicidad es quántica por el hecho de existir una concomitancia entre lo físico e lo psíquico, o entre lo psíquico  y lo psíquico. Y el hecho  del individuo percibir la concomitancia  propicia favorecer el significado.

        Así, los hechos están siempre ínter ligados pero depende de la “mirada” del observador para percibir la concomitancia y cuál el significado (subjetivo) de la misma. Esa mirada es en última instancia simbólica, y la interpretación del símbolo es personal, o sea, subjetiva.

        Para la Física Quántica el Universo es como un mar de ondas quánticas. La energía quántica se mueve por ondas, las cuáles transportan informaciones, ínter ligando todo en el Universo. De eso resulta la idea de macrocosmo y microcosmo ínter ligados, unificados. Esto porque la energía quántica que es una energía primitiva, tiene su dislocamiento más rápido que la velocidad de la luz, dónde lo todo y sus partes mantienen una recíproca interrelación y analogía. Podríamos comparar el Universo (macrocosmo) como siendo  una torta y cada uno de nosotros (microcosmo) como si fuéramos las lonjas, y por tanto todo lo que está en la torta (como por ejemplo, la harina, leche, huevos etc.) está también en cada lonja. Por eso para que podamos comprender el Universo no necesitamos buscar fuera, pero si  dentro de nosotros mismos. Así como el todo contiene las partes, cada parte contiene lo todo.

        La sincronicidad seria como una piedra que lanzada en un lago forma varios círculos, siendo que todo  que se encontrar en una misma camada, mismo distante, tiene la misma información.

        De esa manera, por destino se comprende algo organizado sincronísticamente con una dirección.

        Cuando hablamos en Universo nos referimos al infinito en el ámbito de espacio y tiempo, donde no hay comienzo y no hay fin, sólo mudanza, o sea, un proceso continuo.

        En ese sentido el tiempo y el espacio no son absolutos, pues son en realidad una construcción del pensamiento, de la conciencia.

        Jung tienta ampliar la relatividad espacio-temporal de los eventos, para en ellos incluir, como ulterior elemento determinante, el “estado psíquico”, desde que este sea definido de modo más amplio posible:

              [...]En las experiencias con el tiempo y el espacio, respectivamente, esos dos factores se     reducen mas o menos a cero, como si el espacio y el tiempo dependiesen de condiciones psíquicas, o como si existiesen por sí mismos y fueran “producidos” por la conciencia [...] En sí, el espacio y el tiempo consisten en nada. Son conceptos hipostasiados, nacidos de la actividad discriminadora de la conciencia y forman las coordenadas indispensables para la descripción del comportamiento de los cuerpos en movimiento. Son, por tanto, de origen esencialmente psíquica [...] (CW. 8/3, § 840).

       Así, mas que una tentativa de la conciencia de explicar lo que es espacio y tiempo, se podría atribuir a estos un carácter simbólico de “puentes” unísonos entre  lo antes y lo después, y entre el allá y el aquí, en un todo único y continuum. Esa interconexión transciende todos  nuestros sentidos, y toda y cualquiera explicación se presenta como una mera construcción teórica che reduce.

       En otras palabras, el que permanece aquí como una cuestión en abierto es el hecho de que tanto la Psicología Analítica cuanto la Física saben que existe algo que no es el espacio-tiempo; saben apenas que existe algo mas allá, pero no saben lo que es, o sea,  que permanece como una construcción  teórica, fruto de la conciencia. El mas allá del espacio-tiempo  no es físico, es inmensurable.

        Pero lo que está mas allá del espacio-tiempo está dentro de todas las cosas, dentro de cada punto de nosotros mismos, dentro de  cada  punto  del  Espacio  (Universo).  Por tanto, adentro y afuera simultáneamente, en una interpenetración de universos.

        Ese mas  allá, esa conciencia  superior, jamás podrá ser atingida en su plenitud, pero ciertamente ser vivenciada a través de los encuentros con el “otro” y “consigo mismo”. Ese mas allá siempre existió y existirá  mas allá de nosotros y en cada uno de nosotros, y también por infinitas veces vendrá a nuestro encuentro, de manera natural, para que cumplamos nuestro destino.

        Y así como un poema ese más allá es inagotable.

 Otro poema de los dones

Gracias quiero dar al divino
Laberinto de los efectos y de las causas
Por la diversidad de las criaturas
Que forman este singular universo,
Por la razón, que no cesará de soñar
Con un plano del laberinto,
Por el rostro de Elena y la perseverancia de Ulises,
Por el amor que nos deja ver a los otros
Como los ve la divinidad,
Por el firme diamante y el agua suelta,
Por el álgebra, palacio de precisos cristales,
Por las místicas monedas de Ángel Silesio,
Por Schopenhauer,
Que acaso descifró el universo,
Por el fulgor del fuego
Que ningún ser humano puede mirar sin un asombro antiguo,
Por la caoba, el cedro y el sándalo,
Por el pan y la sal,
Por el misterio de la rosa
Que prodiga color y que no lo ve,
Por ciertas vísperas y días de 1955,
Por los duros troperos que en la llanura
Arrean los animales y el alba,
Por la mañana en Montevideo,
Por el arte de la amistad,
Por el último día de Sócrates,
Por las palabras que en un crepúsculo se dijeron
De una cruz a otra cruz,
Por aquel sueño del Islam que abarcó
Mil noches y una noche,
Por aquel otro sueño del infierno,
De la torre del fuego que purifica
Y de las esferas gloriosas,
Por Schwedenborg,
Que conversaba con los ángeles en las calles de Londres,
Por los ríos secretos e inmemoriales
Que convergen en mí,
Por el idioma que, hace siglos, hablé en Nortumbría,
Por la espada y el arpa de los sajones,
Por el mar, que es un desierto resplandeciente
Y una cifra de cosas que no sabemos
Y un epitafio de los vikingos,
Por la música verbal de Inglaterra,
Por la música verbal de Alemania,
Por el oro, que relumbra en los versos,
Por el épico invierno,
por el nombre de un libro que no he leído:
Gesta Dei per Francos,
por Verlaine, inocente como los pájaros,
Por el prisma de cristal y la pesa de bronce,
por las rayas del tigre,
por las altas torres de San Francisco y de la isla de Manhattan,
por la mañana en Texas,
Por aquel sevillano que redactó la Epístola Moral
y cuyo nombre, como él hubiera preferido, ignoramos,
Por Séneca y Lucano, de Córdoba,
Que antes del español escribieron
Toda la literatura española,
Por el geométrico y bizarro ajedrez,
Por la tortuga de Zenón y el mapa de Royce,
por el olor medicinal de los eucaliptos,
Por el lenguaje, que puede simular la sabiduría,
Por el olvido, que anula o modifica el pasado,
Por la costumbre,
Que nos repite y nos confirma como un espejo,
Por la mañana, que nos depara la ilusión de un principio,
Por la noche, su tiniebla y su astronomía,
Por el valor y la felicidad de los otros,
Por la patria, sentida en los jazmines
O en una vieja espada,
Por Whitman y Francisco de Asís, que ya escribieron el poema,
Por el hecho de que el poema es inagotable
Y se confunde con la suma de las criaturas
Y no llegará jamás al último verso
Y varía según los hombres,
Por Frances Haslam, que pidió perdón a sus hijos
Por morir tan despacio,
Por los minutos que preceden al sueño,
Por el sueño y la muerte,
Esos dos tesoros ocultos,
Por los íntimos dones que no enumero,
Por la música, misteriosa forma del tiempo.

( Jorge Luis Borges )

 

 

Referencias Bibliográficas

 

 

BRANDÃO, J. S. (1996). Mitologia grega. vol. I. Petrópolis: Vozes.

 

EDINGER, E. F. (1995). Anatomia da psique. São Paulo: Cultrix.

 

HILLMAN, J. (1981). Estudos de psicologia arquetípica. Rio de Janeiro: Achiamé.

 

JUNG, C.G. (1985 a). A natureza da psique. CW. 8/2. Petrópolis: Vozes.

_______ (1985 b). Mysterium coniunctionis. CW. 8/2. Petrópolis: Vozes.

_______ (1990). Sincronicidade. CW. 8/3. Petrópolis: Vozes.

_______ (1991). Tipos psicológicos. CW. 6. Petrópolis: Vozes.

 

SHARMAN – BURKE, J.; GREENE, L. (1988). O Tarô mitológico. São Paulo: Siciliano.

 

ZIMEO, A. M. (1994). Nas entrelinhas da adoção: uma abordagem psicológica. In: FREIRE, F. Abandono e adoção. vol. 2, p. 98 –104. Curitiba: Terre des Homes.