|
Silencios
Por
Valeria Molina
El
silencio me revela que lo divino en tus recuerdos se
hace eterno
A lo lejos un silbido, a lo lejos un golpe de
guitarra
Pasos que se alejan, ríos que se callan.
Qué pasa me pregunto, qué pasa en esa plaza,
Si mis ojos yermos me dicen, la luz ya no es clara.
El aroma
de una flor en mi quietud me acompaña y
En el
silencio solo se escuchaba un susurro de abeja que
sonaba...
Mis manos
entumecidas detectan tu aliento agitado,
Percibo el
aire diferente y lozano de aquellos años,
del tiempo
que juntos noches enteras devoramos.
Los días
no pasan, no pasan en vano.
A lo lejos
un fuego que ardió a lo lejos un astro que se
apaga...
Ahora el
tono armonioso de tu voz recorre mis entrañas
Y en el silencio sólo logré escuchar un susurro de
abejas que sonaba...
Retratando la vida
Por Valeria Molina
Era un domingo de octubre y Ángeles se había
despertado muy temprano a realizar su rutina de
ejercicios. Le encantaban los deportes sobre todo el
volley, había sido campeona nacional el año pasado.
Combinaba sus estudios y el deporte con otra de sus
pasiones, la fotografía. Y ese domingo estaba
dispuesta a sacar las mejores fotos del bautizo de
su primo Alejandro.
Todo transcurría muy normal aquel
domingo. Por la mañana el panadero había llegado
temprano a vender sus delicias y su familia se
alistaba prolija para la ceremonia en la iglesia.
Ella estaba tan contenta que irradiaba luz. La
llamaron Ángeles porque al nacer su llanto sonó como
una risa de un ángel. Todos concordaban que una de
sus más atractivas características era su sonrisa.
Sonó el teléfono en casa y el grito
desgarrador de su madre paralizó las actividades de
todos los integrantes de su familia. Los cinco
hermanos tenían el rostro pálido al ver a su madre
en el piso, se había desmayado. Ángeles corrió y
empuñó un perfume fuerte que se lo acercó al rostro
de su madre...la besó en la frente. Su padre
abrazaba a su esposa y Ma. José, su hermanita menor,
simplemente miraba la escena estupefacta como una
momia.-¿Qué fue lo que pasó?, Mónica, la mayor,
exigía una explicación. Su primo Alejandro, aquella
mañana había muerto. Los doctores dictaminaron el
caso como 'muerte de cuna' y la fiesta se transformó
repentinamente en un velatorio. Este hecho marcó en
gran dimensión la óptica que Ángeles tenía de la
vida.
Empezó desde aquel día a retratar
niños pequeños, pues en ellos veía la sencillez e
inocencia, cualidades que admiró siempre . Buscaba
retratar lo mágico en la travesura de un niño, las
miradas de asombro y la ansiosa curiosidad de los
divinos enanitos, como ella les decía. Ma. José de
dos años en ese entonces era una de sus
motivaciones.
A sus 20 años Ángeles, emprendió un
proyecto de ayuda a los niños de la calle. Ganó
respeto a nivel de su ciudad y posteriormente logró
llevar sus mejores obras a una exposición que
viajaba por toda Latinoamérica. Su madre era su
mayor apoyo, Ángeles, era una soñadora... tenía
claro donde quería llegar. Cada vez que inicia un
proyecto nuevo, mira su vida vivida, recorrida y
retratada en la fotografía. Y una vez encontrada la
inspiración Ángeles cierra su álbum.
La Sombra que quería escapar
La sombra, fría y alterna, se desliza
inconsciente ella de su andar. Un día al tropezar,
se despertó inquieta. Gritó aun sabiendo que nadie
la iba va a escuchar. Anhelaba ser luz sabiendo que
sin ella no podría vivir. Se sabe dependiente, es
fiel compañera, va y vuelve en completo silencio sin
dar jamás un reproche. La sombra depende del objeto
o el sujeto, el cual rara vez nota su presencia
pues en el fondo él mismo le teme... La sombra va
corriendo, andando, trata de huir de sus pies, con
gran esfuerzo logra un pequeño desapego del cuerpo
que la esclaviza. ¿Cómo lo hice? Se preguntaba
sentada ella en un escampado, veía en el empedrado
un cuerpo tirado. Había esperado tanto ese momento,
el momento de ser libre y hacer lo que quisiera.
Sentada allí la sombra se sintió sin vida, sabia que
necesitaba el sujeto que la ataba, sin él ella se
sentía perdida. Pero esta era su gran oportunidad de
escapar; ella corrió y perdió fuerzas en su andar,
vio un enorme océano y se zambulló, llego al fondo
de él pero se desvanecía... el ambiente la absorbía
y poco a poco sin mucho forcejeo... se empezó a
transformar, al fin ella misma era una luz
destellante. Mientras el cuerpo estático y pálido
del empedrado abrió repentinamente su ojo
izquierdo, su sombra había ido a su encuentro, mas
vino con un traje distinto, vino en forma de una
consistente llama de luz, que deslumbró al joven que
volvió de las entrañas de la sombra, permitiendo que
esta misma le brindara la vida.
Ella
Por Javier Gómez
De las sombras
la boca tenebrosa
Pronuncia el
verbo que aniquila
Los secretos de
la sangre y de la herida
La certeza del
nombre y de la rosa
El olvido devora
la memoria
De la carne, del
tiempo, del sentido
Es único y fatal
ese destino
De polvo. Las
catedrales y la historia
son las cenizas
de una mujer. Nadie recuerda
los sonidos de
su llanto o de su risa,
los misterios de
la carne femenina
que en silencio
susurraban la presencia
de Dios. Ni yo
ni nadie puede
escapar de la
muerte y el olvido
en las horas
últimas escribo
tu nombre, que
es eterno y ya no muere.
 |